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Habitar un mundo roto
Informe Ethos Nº 5 Junio 2000

El Centro de Ética de la Universidad Alberto Hurtado publica periódicamente un breve Informe Ethos, ofreciendo una lectura ética de un tema de interés nacional para ayudar en el discernimiento de un juicio moral responsable con vistas a una acción coherente.  Se adopta el método ignaciano del triple paso: experiencia (hecho) – reflexión (su comprensión e implicaciones éticas) – acción (elementos para el discernimiento): una reflexión sobre la experiencia con miras a una acción consecuente.

Los Informes Ethos (1) no pretenden agotar un tema como tampoco pronunciar una palabra conclusiva.  La finalidad es presentar un breve escrito que introduzca elementos éticos, de inspiración cristiana, en el debate nacional sobre temas de interés público para apoyar la formación de un juicio ético correspondiente.  Su propósito es poner de relieve la dimensión ética en la discusión sobre temas que inciden en la vida ciudadana y, directa o indirectamente, en cada miembro de la sociedad.  En otras palabras, no se pretende pensar éticamente por otros sino estimular a otros para pensar éticamente.

1.- El hecho

1.- Santiago, en el invierno, se transforma en una ciudad irreconocible.  Una capa café cubre la ciudad y el smog entra en la escena como protagonista indiscutible.  Además, aumentan las enfermedades bronco pulmonares, predomina un aire contaminado, y se introduce el calendario de restricción vehícular.  Pero este triste espectáculo sólo hace visible un problema que es permanente y que recorre todo el país.  Un Chile contaminado hace pensar sobre la responsabilidad humana en hacer del planeta un hogar habitable para todos, incluyendo las futuras generaciones.

2.- La comprensión del hecho

2.- Un viajero estaba en camino bajo el sol ardiente.  Suplicaba para encontrar la sombra.  El árbol se la dio y el viajero se sintió con deseos de quedarse con el árbol y construir su casa a su lado.  Necesitaba lena para su casa.  Sus ojos cayeron sobre el árbol.  Buscó un hacha para cortar el árbol.  Entonces pidió del árbol un mango para su hacha y el árbol se lo dio.  Cuando terminó su hacha, cortó el árbol y construyó su casa.  Pero cuando la casa fue construida, el viajero se sintió solo y acalorado y lloró.  Entonces, dejó ese lugar para buscar la sombra. (2)

3.- No hay un instante de la vida humana en que no estemos íntimamente relacionados con nuestro entorno (medio ambiente o conjunto de diversos ecosistemas) por medio del aire que respiramos, los alimentos que digerimos, los desperdicios que producimos.  Por ello, la calidad de vida y la misma convivencia humana se encuentran amenazadas no tan sólo por la carrera armamentista, por los conflictos regionales, y por las injusticias existentes, sino también por la falta del debido respeto hacia el medio ambiente, la explotación desordenada de sus recursos y el deterioro progresivo de la calidad de vida. El ser humano, en la medida que destruye el medio ambiente, convierte el planeta en su cementerio.

4.- Una clasificación de los temas ecológicos ayuda a una mejor comprensión del problema del medio ambiente, sin caer en visiones ingenuas de alarmismo fanático o de desconocimiento irresponsable.  Una primera subdivisión es su escala espacial, es decir, la ubicación y la extensión física de la contaminación.  Así, los gases del efecto invernadero son globales, la desertificación puede ser regional, y los depósitos de basura tóxica son un problema local.

5.- Sin embargo, estas distinciones pueden ser enganosas.  La zona en que el problema sale a la luz puede no coincidir con su origen real y, otras veces, es posible que las personas afectadas por el problema vivan lejos de su lugar de origen (los efectos de la catástrofe nuclear de Chernobyl se sintieron en la vecina Bielorrusia y hasta en Suecia y Noruega); y la escala del problema puede confundirse con su severidad (los problemas locales de contaminación pueden afectar a corto plazo a sus habitantes mucho más que los efectos del recalentamiento del clima global).

6.- Una segunda subdivisión es la escala temporal.  La noción de sustentabilidad implica la obligación de considerar las consecuencias de las decisiones humanas sobre el medio ambiente en una dimensión temporal que incluye a las futuras generaciones.  Evidentemente, hay un cierto espacio de tiempo entre el comienzo de una crisis ecológica y la detección de un determinado problema; asimismo, su solución puede tardar decenios en surtir sus efectos.

7.- Por último, la escala de severidad de la degradación medioambiental varía desde consideraciones estéticas hasta de sobrevivencia básica.  No obstante, hay dos criterios claves para apreciar su importancia: (a) la degradación medioambiental tiene un impacto más severo sobre los más pobres, los más desprotegidos, los que tienen menos poder y alternativas mínimas de acción; y (b) la necesidad urgente de colaborar en la toma de conciencia y de acción globales, ya que el gran alcance de las consecuencias de las acciones locales sobre el bienestar de millones son poco comprendidas (el caso de la relación entre la emisión de dióxido de carbono, derivado de la generación de energía, y la modificación del clima global).

8.- El modelo de desarrollo resulta decisivo para enfrentar los problemas del medio ambiente.  La solución se aleja en la medida que predominan unilateralmente las consideraciones económicas, un enfoque que justamente ha agudizado la actual crisis medioambiental.  Cada día queda en evidencia la necesidad de un modelo de desarrollo alternativo capaz de integrar valores políticos, sociales y ambientales en el contexto de una cultura de la solidaridad.

3.- Implicaciones éticas

9.- La actual crisis del medio ambiente es fundamentalmente un problema ético, porque se debe a una intervención humana.  La aplicación indiscriminada de los adelantos científicos y tecnológicos, agravada por una lógica unilateral de una mentalidad consumista, ha demostrado que toda intervención en un área del ecosistema debe considerar sus consecuencias en otras áreas y en el bienestar de las generaciones futuras.

10.- Así, a título de ejemplo, los residuos industriales, los gases producidos por la combustión de carburantes fósiles, la deforestación incontrolada, el uso de algunos tipos de herbicidas, de refrigerantes y propulsores, deterioran la atmósfera y el medio ambiente, con efectos que implican danos a la salud.  Pero, más grave aún, es la expresión de falta de respeto a la vida que se encuentra en muchos de los comportamientos contaminantes, cuando las razones de producción prevalecen sobre la dignidad del trabajador y los intereses economicistas se anteponen al bien de la persona o incluso de la población entera.  Los efectos se hacen sentir severamente en el riesgo de esterilidad o de malformaciones congénitas en los trabajadores expuestos a estos contaminantes.

11.- Vale la pena preguntarse si se ha llegado a ponderar seriamente los efectos de las alteraciones provocadas en la naturaleza por una indiscriminada manipulación genética y por el desarrollo irreflexivo de nuevas especies de plantas y formas de vida animal.

12.- En las primeras páginas de la Biblia se establece la relación entre Dios, el ser humano y la tierra.  “Entonces Dios formó al ser humano (adam) con polvo del suelo (adamah)” (Génesis 2, 7).  El autor del Génesis narra como la creatura humana recibe el mandato de llenar (kavas) la tierra y someterla (radah) (cf. Génesis 1, 28), expresando, por una parte, la preeminencia dada a la vocación humana dentro de toda la creación (cf. Salmo 8), pero también, por otra, que este dominio humano de la creatura está sometido a la senoría divina del Creador.(3)

13.- La creatura no es el Creador y, por ello, el mandato es el de administrar o cuidar, como un buen padre o madre de familia, el medio ambiente.  El ser humano no ha decidido el ambiente en donde Dios lo ha creado y colocado, y, entonces, no puede evitar la responsabilidad de trabajar en él y de protegerlo.  Destruir el medio ambiente es destruir el habitat humano y, por consiguiente, hacer peligrar la misma vida humana.  Se requiere el discernimiento para usar de la creación en beneficio de la creatura, dentro de los límites que pone la misma sobrevivencia de ésta, y en una actitud que sabe armonizar lo bello con lo útil, lo contemplativo con lo pragmático, porque ambas dimensiones son esenciales al ser humano.

14.- La gravedad del pecado, como rechazo de la creatura hacia el Creador, consiste en destruir esta relación fundamental entre Dios, el ser humano y las cosas creadas.  Con el pecado, el ser humano comparte y se vuelve uno con una historia de de-creación, una historia de muerte.  En los orígenes de la crisis ecológica está la negación en las obras, más que en las palabras, de la relación entre creatura y Creador.  Cortar con Dios es cortar con la fuente de vida, cortar con el amor y respeto fundamental para la vida regalada.

15.- Por el contrario, el desafío ético del cristiano consiste en ayudar a re-crear la creación y a reconciliarla con Dios (4), de modo que Él pueda alegrarse en ella, como en el primer Sabbath (5), encontrándola hermosa y justa, llena de paz y de verdad.

16.- Esta visión cristiana evita un antropocentrismo independiente de Dios y del ambiente (narcisismo), un teocentrismo que pretende ignorar las creaturas y todas las cosas creadas (espiritualismo desencarnado) y un biocentrismo que ignora al Creador y su creatura predilecta.

4.- Elementos para el discernimiento

17.- La sociedad actual no hallará una solución al problema del medio ambiente si no revisa seriamente su estilo de vida y el modelo de desarrollo vigente.  La responsabilidad ecológica no puede basarse simplemente en un sentimiento de turno como tampoco en un rechazo hacia el mundo moderno o el deseo vago de un retorno al paraíso perdido.  La auténtica mentalidad ecológica conlleva una distinta manera de pensar y de actuar, porque una vida orientada tan sólo por el consumo y la ganancia económica no mide sus efectos sobre el medio ambiente.  Esto significa revisar la propia escala de valores para definir aquello que da sentido a la propia vida, ordenando de manera lúcida y austera las propias necesidades.  El consumismo inventa necesidades para poder sobrevivir a costa de los consumidores; sólo la convicción que la dignidad humana reside en la persona es capaz de discernir lo auténtico en la indiscriminada oferta que el mercado propone ciegamente.

18.- Los problemas ecológicos han asumido tales dimensiones que hoy se exige la responsabilidad de todos y de cada uno para buscar y encontrar soluciones.  En este campo queda en evidencia la necesidad de la solidaridad como actitud fundamental en la vida: una solidaridad con el otro en el espacio (la interdependencia entre lo local y lo global) y en el tiempo (una preocupación por las futuras generaciones).  Sólo habrá soluciones perdurables en la medida que haya opciones de la sociedad entera, porque aquellas individuales no surten efectos duraderos.

19.- Tampoco hay que descuidar el valor estético de la creación.  El contacto con la naturaleza es profundamente regenerador, vivificador y reconciliador.  La ciudad tiene su particular belleza, pero sólo una urbanización capaz de integrar la naturaleza satisface el alma humana, porque responde a su particular vocación de creatura reconociendo a su Creador.

20.- Los cristianos, en particular, descubren que su cometido dentro de la creación, así como sus deberes con la naturaleza, forman parte de su fe en el Creador.  El compromiso del creyente por un medio ambiente sano, afirma Juan Pablo II (6), nace directamente de su fe en Dios Creador, de la valoración de los desaciertos humanos cuando no respeta una correcta jerarquía de valores, así como la certeza de haber sido redimidos por Cristo.  El respeto por la vida y por la dignidad de la persona humana incluye, inevitablemente, el respeto y el cuidado de la creación, porque, por una parte, ella misma habla a la creatura de su Creador, y, por otra, contaminar el habitat es peligrar el don de la vida que ha recibido gratuitamente el habitante.



Notas

1 Los Informes Ethos no representan la opinión oficial de la Universidad Alberto Hurtado sino ofrecen una reflexión del Centro de Ética.  En la actualidad el equipo está conformado por Tony Mifsud s.j. (Director, Doctor en Teología Moral), Elizabeth Lira (Investigadora y Profesora, Psicóloga), Pablo Salvat (Investigador y Profesor, Doctor en Filosofía), y Verónica Anguita (Asistente, Licenciada en Ciencias Religiosas).

2 Savarimuthu Ignacimuthu s.j. (Madurai), en Vivimos en un mundo roto: reflexiones sobre ecología, (Roma: Secretariado para la Justicia Social de la Companía de Jesús, abril 1999), p. 10.

3 Una lectura bíblica “de la relación entre el hombre y la naturaleza pone en evidencia sin lugar a dudas la ambivalencia humana y propone un antropocentrismo impregnado de responsabilidad.  La conciencia no coloca al hombre fuera o sobre la naturaleza, sino que lo hace superior por ser responsable de esa naturaleza y de los demás hombres” (A. Moroni, “Ecología”, en AA.VV., Nuevo Diccionario de Teología Moral, Madrid, Paulinas, 1992, p. 460).  El Catecismo de la Iglesia Católica (1992) insiste en esta dimensión de responsabilidad humana: “En el plan de Dios, el hombre y la mujer están llamados a someter la tierra como administradores de Dios.  Esta soberanía no debe ser un dominio arbitrario y destructor.  A imagen del Creador, que ama todo lo que existe (Sabiduría 11, 24), el hombre y la mujer son llamados a participar en la providencia divina respecto a las otras cosas creadas.  De ahí su responsabilidad frente al mundo que Dios les ha confiado” (No 373).

4 “La creación, en efecto, fue sometida a la vanidad, no espontáneamente, sino por aquel que la sometió, en la esperanza de ser liberada de la servidumbre de la corrupción para participar en la gloriosa libertad de los hijos de Dios.  Pues sabemos que la creación entera gime hasta el presente y sufre dolores de parto” (Romanos 8, 20 – 22).

5 “Y bendijo Dios el día séptimo y lo santificó; porque en él cesó Dios de toda la obra creadora que Dios había hecho” (Génesis 2, 3).

6 Ver Juan Pablo II, Mensaje para la Celebración de la Jornada Mundial de la Paz, Paz con Dios Creador. Paz con toda la creación, (1 de enero de 1990).

 
 
 
 
 
   
 
 
 
 
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