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Nuevo milenio ¿Kronos o kairós?
Informe Ethos Nº 3 diciembre 1999

El Centro de Ética de la Universidad Alberto Hurtado publica periódicamente un breve Informe Ethos, ofreciendo una lectura ética de un tema de interés nacional para ayudar en el discernimiento de un juicio moral responsable con vistas a una acción coherente.  Se adopta el método ignaciano del triple paso: experiencia (hecho) – reflexión (su comprensión e implicaciones éticas) – acción (elementos para el discernimiento): una reflexión sobre la experiencia con miras a una acción consecuente.

Los Informes Ethos (1) no pretenden agotar un tema como tampoco pronunciar una palabra conclusiva.  La finalidad es presentar un breve escrito que introduzca elementos éticos, de inspiración cristiana, en el debate nacional sobre temas de interés público para apoyar la formación de un juicio ético correspondiente.  Su propósito es poner de relieve la dimensión ética en la discusión sobre temas que inciden en la vida ciudadana y, directa o indirectamente, en cada miembro de la sociedad.  En otras palabras, no se pretende pensar éticamente por otros sino estimular a otros para pensar éticamente.

1.- El hecho

1.- El mes de diciembre lleva consigo tradicionalmente un encanto particular porque se celebra la Navidad y se espera el Ano Nuevo.  Sin embargo, este diciembre resulta singularmente significativo, en tanto se comienza con una elección presidencial y, al mismo tiempo, se despide el segundo milenio.  La intensidad de la noticia política y del trajín navideno puede debilitar la densidad de una fecha milenaria.  !Pocos, muy pocos, en el curso de la historia de la humanidad, pueden afirmar que pertenecen a dos milenios!

2.- La comprensión del hecho

2.- El fin de milenio también se ve afectado por el fenómeno moderno de la comercialización cuando predomina una globalizante lógica de mercado, donde la propia realidad en sus distintas dimensiones tiende a apreciarse en puros términos de venta y compra.  Por ello, se distrae la mirada humana al banalizarse una fecha, reduciéndola a un simple producto de mercado y de consumo.

3.- La memoria de un umbral, la llegada del Tercer Milenio, corre el peligro de pasar inadvertida.  Se entra en la dinámica de la celebración, pero se pierde el horizonte de su significado, porque se ha debilitado la capacidad reflexiva y auto-reflexiva del ser humano.  !Hay que festejar en grande el nuevo milenio!, pero ?qué tiene de extraordinario el paso entre el 31 de diciembre de 1999 y el 1 de enero del ano 2000?  La respuesta a esta pregunta es clave, no sólo para saber lo que se está celebrando, sino también para adaptar su estilo al contenido, el cómo al qué.

4.- El tiempo puede ser considerado simplemente como una secuencia progresiva de una acumulación numérica, o, también, como un indicador de hitos que distinguen entre lo anterior y lo posterior.  Así, una determinada fecha en el calendario puede ser un día más en el curso de la historia, mientras que para otros, esa misma fecha, denotará un aniversario; lo que para algunos constituye una simple fecha, para otros define un lugar para la memoria o para el rememorar.

5.- El paso del tiempo puede ser vivido como kronos (tiempo como cantidad) o como kairós (tiempo como calidad), como historia (acontecer de sucesos aislados)o como memoria histórica (hechos significativos integradores), como existencia o como experiencia.  El ser-en-el-tiempo (condición humana) puede transformarse en el tiempo para ser (realización humana).  La fecha del inicio del Tercer Milenio conlleva una densidad temporal, porque contiene múltiples referentes humanos que la hacen un hito en el curso de la historia de la humanidad occidental: la dimensión temporal, la comprensión cristiana y la necesidad celebrativa.

6.- El tiempo es una categoría antropológica indispensable no tan sólo para entender la historia de la humanidad, sino también para la auto-comprensión del individuo.  El transcurrir del tiempo es un espacio para la decisión humana de escoger entre la sanación o la amargura, el aprehender o el reincidir.  Aceptar el tiempo como el ciclo de la vida terrenal - que nace, crece, envejece, y muere - es uno de los ineludibles desafíos de toda persona, especialmente en una cultura que privilegia el significado juvenil y margina la sabiduría de la vejez.  Hoy el ideal cultural es ser joven adolescente y vivir es aparentar serlo, cueste lo que cueste.  El fin de milenio invita a reflexionar sobre la importancia, la relevancia y la aceptación del tiempo en la vida humana.

7.- La fiesta tiene un profundo significado cultural y personal que se vincula con la conciencia de lo sagrado y lo comunitario.  La fiesta no sólo celebra y agradece, sino que renueva los lazos y compromisos con la sociedad, con la divinidad y restablece las fuerzas personales y sociales, revitalizando el orden, mediante el paso por el desorden (lo carnavalesco).

8.- El comienzo de un milenio responde al calendario cristiano, porque el inicio es definido por la irrupción de lo divino en la historia humana, transformándola en una historia de salvación.  Dios, que hizo el hombre, se hace también hombre, asumiendo la condición humana para, desde ella, conducir la humanidad a su realización más auténtica y originaria.  Jesús el Cristo devuelve al tiempo un horizonte pleno de significado mediante un acto de amor totalmente inesperado y, por ello, hasta el día de hoy muchas veces pasa inadvertido.  En el Creador (la fuente de sentido para la criatura), la persona encuentra el significado más profundo de su propia vida y confía en una plenitud que hace de la muerte terrenal tan sólo una etapa, porque hasta la muerte se entiende a partir de la Vida y no la vida a partir de la muerte.

9.- La Navidad y el Ano Nuevo son un verdadero Jubileo, un gozo de profundo agradecimiento por este hecho salvífico.  La vida tiene sentido y el tiempo es kairós, porque en un horizonte de significado, gratuitamente regalado, el caminar contiene oportunidades siempre nuevas.  Sólo cabe celebrar este hito mediante una triple actitud: recordar, revisar y renovar.

3.- Implicaciones éticas

10.- La celebración de un aniversario implica tres momentos: (a) recorrer el tiempo pasado (hacer memoria), (b) para distinguir entre lo bueno y lo malo (realizar un discernimiento), (c) y seguir adelante con entusiasmo y mejor sabiduría (renovar el compromiso inicial).  Justamente, la mirada hacia atrás, iluminada por la experiencia acumulada en el transcurso del tiempo vivido, permite un compromiso con el futuro desde una visión más realista, pero no por ello menos idealista.

Recordar

11.- La mentalidad moderna tiende a consagrar el momento presente, desencantada con el pasado y sin mucha claridad sobre el futuro como proyecto.  El gozo del presente, el aquí y el ahora, parece erigirse en un ideal contemporáneo.  Por consiguiente, el sentido histórico ha quedado seriamente danado, con el consecuente peligro de no aprender del pasado ni proyectarse hacia el manana.

12.- El contexto del fin de milenio lleva en su frente los signos de la ambigüedad, porque, como siempre, son las decisiones humanas las que hacen navegar la humanidad por los pasos de la historia.  Por una parte, el siglo veinte es considerado la época más violenta de la historia; la contaminación del planeta ha llegado a niveles preocupantes; el individualismo, el desencanto, la desorientación, la indefinición, el secularismo, la falta de utopías, constituyen algunos aspectos que configuran el perfil de la persona moderna.  Pero, por otra parte, la revalorización de la libertad y de la responsabilidad común en la construcción de futuro, la preocupación por los derechos humanos, como expresión de la igual dignidad de todo hombre y mujer, independientemente de la religión, la raza, el género y la edad, representan conquistas y herencias esenciales del siglo veinte.

Revisar

13.- No deja de ser revelador el hecho de que cuando el ser humano se cierra a lo Trascendente, corre el peligro de auto-complacerse de sus logros materiales, perdiendo el horizonte de significado sobre su propia vida.  Así, en el umbral del Tercer Milenio, la sociedad se encuentra con un mundo viejo que ha desaparecido, pero, a la vez, todavía no ha nacido otro para reemplazarlo, ya que la búsqueda por el horizonte de sentido se sitúa en un contexto de un mundo fragmentado en sus grandes referentes.  Se ha debilitado la experiencia de un mundo que sea un hogar, volviéndose ancho y ajeno, a pesar de ser el fruto condensado del propio accionar humano.  Esta tragedia moderna constituye a la vez una ocasión privilegiada de búsqueda creativa con pasos humildes y manos solidarias.

14.- No hay nada más permanente que el cambio.  Pero no sólo cambian los hechos, sino también el ser humano; aún más, es la transformación en lo humano lo que explica toda mutación exterior.  Por consiguiente, la mirada crítica hacia el pasado se realiza a través de los ojos de esta persona que ha cambiado.  El estar consciente de esta evolución resulta clave para realizar la necesaria auto-crítica, sin caer en la trampa de relegar toda responsabilidad a las condiciones externas.

Renovar

15.- Hacer memoria del pasado, sin reducirlo a un puro recuerdo irrelevante para el presente, significa asumir la dirección de la propia vida y, con ello, recuperar el protagonismo humano en la historia.  Esto sólo será posible en la medida que se opte por renovar la confianza en la humanidad, en las personas concretas del círculo diario.

16.- En este horizonte de la renovación, destacan, por lo menos, dos grandes desafíos: la búsqueda de sentido y finalidades compartidas, junto con la superación de la pobreza.  La pregunta pragmática (el cómo) tiene que ser complementada por el interrogante sobre el sentido (el para qué) que la dirige acorde a un horizonte humano, de tal manera que el hacer tenga un rumbo y es, a la vez, redefinido por este horizonte.  Esta atrevida, pero ineludible, búsqueda de sentido no puede menos que cuestionar un concepto de progreso que no logra todavía superar de manera significativa la presencia escandalosa de la pobreza y de las desigualdades, que en la actualidad incluye el 33% de la región.

4.- Elementos para el discernimiento

17.- El comienzo de un nuevo milenio requiere de un ethos (un talante) de la esperanza desde el cual se opta por el re-encantamiento con la historia, fruto de un re-compromiso con la humanidad, saliendo del cómodo sin sentido y solitario individualismo.  El fin de milenio nos ensena que no se trata tanto de preguntar por el crecimiento de la humanidad, cuanto por el crecimiento en humanidad que hace apreciar los auténticos logros y verdaderos fracasos en términos no cosificados, sino según una jerarquía correspondiente a la mayor dignificación de las personas.

18.- Si el mismo Creador no ha perdido la confianza en la humanidad, la criatura está llamada a entrar en un nuevo milenio con profunda esperanza en el Senor de la Historia.  Con una auténtica humildad, que sabe reconocer los errores y construir sobre los aciertos, es hora de volver a las fuentes que enriquecen y dan sentido a la vida.  Al estilo de Jesús el Cristo, la vida se entiende como un servicio, porque quien entrega su vida la encontrará.  La inteligencia de la razón se empobrece sin la sabiduría del corazón generoso.

19.- El ano dos mil invita a una profunda pausa en la vida acelerada, para atreverse a plantear las preguntas de fondo por el sentido y la dirección de la historia personal, y, por ello, de la humanidad.  A la vez, es justo pensar un Tercer Milenio donde también tienen cabida los que sufren la pobreza, ya que su sola presencia es una mancha incomprensible sobre la humanidad.

20.- Asumiendo el profundo significado de un nuevo milenio es posible hacer del kronos (el tiempo) un kairós (una oportunidad).  Desde este horizonte, ?cómo celebrar el fin de un milenio y el comienzo de otro?



Notas

1 Los Informes Ethos no representan la opinión oficial de la Universidad Alberto Hurtado sino ofrecen una reflexión del Centro de Ética.  En la actualidad el equipo está conformado por Tony Mifsud s.j. (Director, Doctor en Teología Moral), Elizabeth Lira (Investigadora y Profesora, Psicóloga), Pablo Salvat (Investigador y Profesor, Doctor en Filosofía), y María José López (Asistente, Magister en Bioética).

 
 
 
 
 
   
 
 
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