1.- El hecho
1.- En nuestros días las siglas MOP, MOPTT, GATE, INVERLINK, CIADE, CORFO, DIAGNOS,... se asocian a corrupción. Sin embargo, se tiende a colocar a todos en el mismo saco, aunque se puede distinguir claramente entre sobresueldos, fraude y coima. Además, curiosamente, se suele asociar el fenómeno a lo público cuando, de hecho, el sector privado no está para nada ausente en lo que está ocurriendo.
2.- Se ha caído en una especie de depresión colectiva porque ha quedado en evidencia que la sociedad no está exenta de la corrupción. Ahora bien, lo esencial es descubrir las causas, distinguir los casos y aplicar el remedio correspondiente. Por consiguiente, la pregunta no es si Chile es un país corrupto sino cómo superar estas manifestaciones. No se está necesariamente frente una catástrofe nacional, porque, todo lo contrario, puede ser una ocasión privilegiada para el futuro del país, si, de verdad, existe una voluntad política y un compromiso ciudadano. La corrupción tiene su raíz en la fragilidad de la condición humana, y, por ello, precisa de soluciones, personales e institucionales, que rectifiquen esta grave injusticia humana.
2.- Comprensión del hecho
3.- Los múltiples casos que aparecen diariamente en los medios de comunicación social son distintos. Los sobresueldos (falta de transparencia) son una remuneración anadida al sueldo oficial que se entrega a ciertos funcionarios por la baja renta recibida y así mantenerlos en el servicio público. El fraude fiscal (engano al Estado) es el abuso de una función pública mediante la cual se aprovecha para intereses personales; por ello, este fraude puede también implicar a privados que corrompen a los funcionarios públicos o simplemente no cumplen con su responsabilidad cívica (como el no pago de impuestos) o para el pago de sobresueldos a funcionarios públicos. La coima (compra de favores) es el abuso de poder mediante el cual se hacen concesiones a cambio de una remuneración monetaria.
4.- En el ambiente privado también existe corrupción, como, por ejemplo, cuando la publicidad miente sobre un producto; cuando el poder medial engana a sus lectores, espectadores u oyentes; cuando se establece un sueldo mínimo pero no un sueldo máximo, creando una desproporción irracional entre el sueldo y el trabajo correspondiente; cuando se recibe un sueldo sin haber trabajado; cuando el nepotismo prima sobre la competencia profesional en el ambiente laboral; cuando se entrega un regalo para buscar un favor y tantas otras maneras de buscar un beneficio personal a costa de otras personas.
5.- Pero, ?qué es la corrupción? La palabra corromper significa alterar y trastocar la forma de alguna cosa, y tiene su raíz en la palabra latina corrumpere que, a su vez, se compone de cum (junto) y rumpere (romper). Por consiguiente, etimológicamente, la palabra corrupción implica una alteración viciosa de un original realizada con complicidad. En otras palabras, se expresa la idea de un acto que altera el estado de las cosas, mediante una complicidad de otro agente.
6.- Se piensa que fue Joseph A. Centuria (1931) quien definió la corrupción como el abuso de la función pública en pos de un beneficio privado. Por tanto, la comprensión del término se redujo a la esfera pública, senalando una conducta motivada por intereses personales mediante una acción indebida (abuso). Así, se distingue entre: (a) cohecho, un intercambio voluntario de prestación y contraprestación entre los actores para beneficio mutuo (la relación entre soborno y sobornado); (b) extorsión, una coacción para obtener un beneficio; (c) malversación, el uso indebido de fondos públicos; (d) peculado, el hurto de fondos públicos; y (e) nepotismo, la discriminación ilícita de personas para el acceso a un cargo público o a las prestaciones de lo mismo basándose en razones de parentesco, amistad u otra afinidad.
7.- Éticamente, la corrupción dice relación al abuso de poder (político, económico, medial, etc.) para provecho personal (o de un grupo). Aunque, de por sí, no existe una relación necesaria entre poder y corrupción, es del todo evidente que en una situación de poder se multiplican las posibilidades de ejercerla. "El poder tiende a corromper y el poder absoluto corrompe absolutamente" (Lord Acton, carta al obispo Mandell Creighton, 3 de abril de 1887), ya que "el poder sin límites tiende a corromper las mentes de aquellos que lo poseen" (William Pitt, discurso del 9 de enero de 1770). De esta relación surge una contradicción: la corrupción es más posible entre aquellos que son menos sancionables, simplemente porque tienen poder.
8.- En la esfera pública, la corrupción genera en la sociedad una desconfianza sistemática frente a las instituciones estatales. Esta creciente sospecha constituye uno de los costos más graves porque quebranta la relación entre el ciudadano y la institución, con el resultado de privatizar la función pública. En otras palabras, el individuo (o un grupo social) toma en sus manos las funciones delegadas en el poder público en el momento en que se desconfía sistemáticamente de la honradez o la imparcialidad de las personas que representan a las instituciones estatales. Este distanciamiento de la sociedad civil frente al aparato del Estado hace del fenómeno de la corrupción un proceso vertiginoso, ya que en la medida que avanza se hace más difícil re-establecer una relación de confianza y de credibilidad entre ambos.
9.- También la ineficiencia burocrática genera la corrupción como medio de supervivencia en una sociedad. En la medida que para el ciudadano le resulta casi imposible la consecución de beneficios acudiendo a las reglas establecidas, entonces recurrirá a otros medios para ello que le resultarán eficaces. Todavía más grave es el fenómeno de la corrupción como rasgo cultural, cuando llega a formar parte del mismo sistema, una manera de funcionar dentro de él, un modo de proceder aceptado y aceptable, con tal que se haga en la práctica pero se niegue en la formalidad. Se hace en privado, pero no se confiesa en público.
10.- La presencia, culturalmente aceptada, del clasismo genera también situaciones de corrupción. Así, la sola presencia del recinto penitenciario de Capuchinos deja patente que no es verdad que todos los ciudadanos son iguales frente a la ley, porque, en el caso de procesados (con exclusión de algunos delitos, como son los de sangre), la capacidad adquisitiva permite postular a un lugar privilegiado con bastantes comodidades, que incluye una piscina. ?Es éticamente razonable que, frente a procesados por un mismo delito, haya lugares distintos cuyo destino dependa tan sólo del poder económico? ?Es éticamente justo que una persona procesada por fraude, que ha dejado miles de personas en penuria, reciba un trato privilegiado? Ciertamente, es un desafío de cualquier sociedad que las cárceles tengan condiciones humanamente dignas para todos, pero no es éticamente aceptable comprar esta posibilidad porque crea, además, discriminación.
11.- En nuestros días se constata un serio déficit del sentido social, el pertenecer como miembro activo de un grupo, debido: (a) al proceso de creciente individualismo que subraya la libertad personal sin reconocer la correspondiente responsabilidad social; (b) a la cultura predominante de mercado que propone como medida antropológica de identidad y auto estima el beneficio material (ser alguien en la sociedad es tener algo); y (c) al débil compromiso con una ética civil compartida, independiente de la propia ideología o simpatías partidistas. Por otra parte, la actual y desmedida diferencia de sueldos por funciones equivalentes, pero en ámbitos distintos (privado o público), no cultiva un sentido social, especialmente en una cultura que sobrevalora la tenencia de bienes materiales.
3.- Implicaciones éticas
12.- La corrupción atenta contra dos grandes valores claves para la convivencia: la verdad y la justicia. La corrupción es una mentira social porque se abusa del poder, sea este público o privado. El poder es una posición de servicio y, por ello, abusar de él contradice su razón de ser. No se puede asumir un poder para auto servirse, ya que, en aquel mismo momento, se explota a otros, justamente para servir los propios intereses a costa de los demás.
13.- La verdad es constitutiva de lo humano porque permite el auto conocimiento (sólo en la verdad puede una persona conocerse y re-conocerse por lo que realmente es) y la relación con los demás (sólo en la verdad puede haber auténtica comunicación entre personas). Por consiguiente, el ethos de la verdad constituye un imperativo ético que posibilita lo humano en su auto realización en la apertura hacia el otro. Sin veracidad no es posible construir sociedad. La corrupción quiebra este pilar constitutivo de lo humano, porque falsifica al corrupto y sus relaciones sociales, distorsionando la auto y la hetero comunicación.
14.- La definición clásica de justicia senala el imperativo ético de dar a cada uno lo que le corresponde por derecho. La corrupción se apropia de bienes ajenos, y, por ello, afecta negativamente al otro. En el caso del robo al fisco, es el Estado que se empobrece y, a su vez, esto tiene una incidencia directa sobre los ciudadanos al ver limitadas sus posibilidades de tener parte en los beneficios generados en la sociedad. Así, la corrupción es una mentira que conduce al robo. El corrupto miente y roba.
15.- Frente a la errada comprensión de una ética cristiana limitada al campo de lo privado, se hace necesario recordar las exigencias éticas sociales establecidas en el Catecismo de la Iglesia Católica, cuando senala una serie de comportamientos que son incompatibles con el respeto debido a la dignidad humana: el robo, el fraude comercial, los salarios injustos, la alza de precios especulando sobre el desconocimiento y las necesidades ajenas, la apropiación y el uso privado de bienes sociales de una empresa, los trabajos mal realizados, los fraudes fiscales, la falsificación de cheques y de facturas, los gastos excesivos, el derroche, etc. (Nos 2408 - 2413).
16.- Sin embargo, la lucha contra la corrupción no puede llevar a una especie de caza indiscriminada de brujas. En primer lugar, es preciso reiterar el principio de que toda persona tiene derecho a su buen nombre, y, por ello, es indispensable probar su culpabilidad antes de que el aludido tenga que defender su inocencia. Al respecto, los mensajes mediales tienen mucha responsabilidad porque, lamentablemente, cualquier rostro que aparece en las noticias relacionado con estos casos queda socialmente marcado. Es responsabilidad irrenunciable de los medios dejar en claro y distinguir entre una declaración frente al juez, un procesado (existe fundamento para realizar un proceso contra la persona) y un inculpado (se declara su culpabilidad). Entre una sospecha y una condena existe una gran diferencia. La falta de distinción entre ambas situaciones conduce a la difamación y a la calumnia.
17.- También es importante distinguir los casos entre un fraude o una coima, donde ha habido un delito personal de enriquecimiento ilícito, y los problemas relacionados con la modernización del Estado que exigen una mayor transparencia y profesionalización. En el primer caso, el problema tiene una raíz personal (falta de honradez de una persona), mientras que en el segundo caso la causa es básicamente institucional. Así, el desafío de limitar al máximo posible las situaciones de corrupción implica, a la vez, un compromiso personal y una reforma institucional. También habría que revisar el derecho penal relacionado con los delitos económicos porque, a veces, pareciera que el beneficio financiero obtenido es superior a la pena correspondiente.
18.- La presencia del sobresueldo se debe a que en la función pública gran parte de los sueldos asignados a los directivos superiores son bajos con relación al mercado y a la responsabilidad correspondiente. Ahora bien, ya que como sociedad no se ha sido capaz de transparentar y de resolver esta situación, se ha optado por el uso de los fondos reservados de algunos Ministerios para pagar a algunos, y a la contratación de instituciones y empresas (Universidad de Chile, GATE), para que ellos, a su vez, subcontraten a estos funcionarios de dirección superior, pagándoles así el sobresueldo.
19.- Evidentemente, esta fórmula se prestó para abusos. En algunos casos, se mantuvo la finalidad del bien común (agilizar las tareas del Estado), pero, en otros, se sospecha la búsqueda del beneficio personal. La línea divisoria entre ambas motivaciones es clara. Pero es muy fácil pasar del bien común al beneficio personal cuando se monta un sistema paralelo de manejo de fondos para evitar los engorrosos mecanismos estatales, ya que al saltar los controles, se pierde el control. Los casos de aprovechamiento personal no plantean mayor problema porque son éticamente reprobables y merecen las correspondientes sanciones penales.
20.- Sin embargo, en estos casos, el sobresueldo fue pactado de antemano con una autoridad y se realizó el trabajo, pero, por otra parte, el procedimiento es administrativamente irregular, poco transparente y algunos jueces estiman que no se ajusta a la legalidad. Ahora bien, la exigencia de la transparencia reclama la necesidad imperiosa de establecer salarios justos. El rechazo a procedimientos irregulares o ilícitos tiene que ser acompanado por una mejoría de las remuneraciones acorde a la responsabilidad correspondiente. Pero, tampoco se puede desconocer que la gran mayoría de los recursos traspasados a esas instituciones y empresas se usaron para pago de honorarios de personas que, de hecho, prestaron servicios (como, por ejemplo, estudios técnicos altamente complejos).
4.- Elementos para el discernimiento
21.- La lucha contra la corrupción no es tarea sólo del Estado sino es una responsabilidad de todo ciudadano. Cada ciudadano tiene el desafío de contribuir a una cultura de la honradez para que se impida, o, por lo menos, dificulte la degeneración de la convivencia cívica en un mercado de favores pagados. El auténtico patriotismo se expresa en una sociedad solidaria donde el bien común no se confunde con el aprovechamiento personal. La honradez es una exigencia cívica elemental.
22.- La lucha contra la corrupción también constituye un compromiso del sector privado. No se trata de que en el derecho público se hace lo permitido y en el derecho privado no se hace lo prohibido. La presencia del cohecho involucra necesariamente la participación de actores privados y públicos. Pero, de manera aún más urgente, la campana contra la corrupción implica enfrentarse contra la picardía nacional que se expresa en lo cotidiano (el avivarse en las filas, dar vuelto de menos y recibir vuelto de más, hacerse pasar por alguien importante, pretender ser amigo de personas públicas e influyentes, ...) y la recuperación del sentido social ciudadano.
23.- En el mes de abril (2003) falleció el General (R) Joaquín Lagos Osorio, quien en su vida fue coherente con sus principios y no dudó en enfrentar a su comandante en jefe cuando no estuvo de acuerdo con un modo de proceder. Evidentemente, su postura le costó una forma de arresto domiciliario, el aislamiento de sus más cercanos, sin posibilidad de trabajar porque nada le resultaba, y la marginación de la institución a la cual había dedicado toda su vida. Dos anos antes de fallecer, ya que temía por su vida, dejó un testamento a los jóvenes del pueblo donde había nacido (San Vicente de Tagua Tagua). Su mensaje es muy válido en el contexto actual como ejemplo de probidad. No es todo relativo. Hay verdades perdurables, valores que no se pueden transar. Ser coherente con esto no es fácil, pero es posible. Con la verdad no se puede jugar ni negociar, aunque se tenga que pagar el precio del aislamiento y la difamación. Actuar de acuerdo a nuestros principios no es fácil, pero al mirar la vida hacia atrás a uno lo deja en paz. (.) Apelo a los padres de hoy a educar siendo coherentes, a los educadores a educar con sus vidas, a la juventud a vivir con sus valores y no relativizarlos.